
El Modelo Casaclub inicia con un grupo de pacientes externados que creía en la importancia de combatir el aislamiento. En 1944 estos primeros 8 miembros crearon “WANA - We Are Not Alone” (No Estamos Solos), eligieron el nombre buscando que no incluyera ninguna referencia a enfermedades mentales ni tratamientos psiquiátricos, sino que se centrara en la conexión, la esperanza y la solidaridad.
Un poco de historia
En una época en que no existían abordajes comunitarios, este grupo quiso generar un espacio que permitiera que cualquier persona con un trastorno psíquico lograra un espacio de pertenencia.
Los primeros miembros iniciaron su amistad al conocerse en un grupo formado por el Dr. Hiram Johnson, psiquiatra del Hospital Rockland State en Orangeburg, quién había observado “la renuencia de los pacientes a regresar a casa para enfrentar el estigma de la enfermedad mental y la dolorosa pérdida de amigos”. El objetivo fue mejorar las condiciones de externación, armando un grupo en que lograran establecer amistades, se comprendieran entre sí, se brindaran apoyo y que se sostuvieran luego de que abandonaran el hospital.
En los inicios los miembros de WANA comenzaron a realizar visitas a los pacientes en las salas del Hospital Rockland para invitarlos a unirse a WANA al recibir el alta para así entablar amistades y oportunidades recreativas. También publicaron boletines que ofrecían asistencia práctica para conseguir habitaciones y puestos de trabajo para los pacientes que estaban listos para ser dados de alta.
Elizabeth Schermerhorn, la primer mujer voluntaria en el grupo que lo acompañó desde sus inicios en el hospital, jugó un papel decisivo, ya que consiguió la búsqueda y compra del edificio original de la primer Casaclub, y más tarde se convirtió en la primera presidente de la junta directiva de la primer Casaclub, Fountain House.
En 1955, John Beard, trabajador social, se convirtió en el director ejecutivo de Fountain House, trayendo consigo ideas adelantadas a su época que darían forma al Modelo Casaclub.
En su experiencia profesional había descubierto que los aspectos saludables de sus pacientes eran pasados por alto y desaprovechados por la sociedad, lo que lo llevó a probar su teoría de que la participación en actividades normales y hacer que las personas con trastornos psíquicos se sintieran necesarias, podría mejorar sus condiciones. La teoría resultó exitosa en la creación de la “Jornada Laboral Diaria” de la Casaclub con tareas diarias necesarias y significativas.
Esto representó un punto de inflexión en la historia de la salud mental, ya que dio vida a formas de tratamiento nuevas y no clínicas que aún hoy siguen siendo innovadoras . Una de las características del enfoque de Beard fue transformar el papel del personal que trabaja dentro de una Casaclub.
En una Casaclub, se enfatiza el trabajo en equipo por encima de la jerarquía y los miembros realizan trabajo real en lugar de trabajo simulado. Los miembros toman decisiones a diario y eligen voluntariamente sus actividades.
Práctica
Social
Una introducción a los abordajes comunitarios
Al entender la salud mental como «un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad» y no como mera ausencia de enfermedad, podemos entender porque un abordaje comunitario, no clínico, tiene un efecto tan importante en la salud mental.
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Los abordajes comunitarios ponen el foco en la autonomía, la participación social, la responsabilidad, la construcción de un sentido y significado de la propia vida, aprovechando oportunidades y desarrollando el proyecto personal.
Los sistemas tradicionales de atención de salud mental, no situaban a la persona en un rol activo dentro de su recuperación, tendiendo a aislarlas y segregarlas de la sociedad, lo que en última instancia fomentaba los estigmas y los prejuicios que los excluye e invisibiliza.
Esta misma tendencia al encierro y segregación generaban pérdida de práctica en las habilidades diarias, en el autocuidado, la socialización y ponía en riesgo el proyecto de vida en general.
Los tratamientos clínicos buscan combatir este problema utilizando enfoques más integrales, con equipos interdisciplinarios, sin embargo, sigue siendo crítico tratar los elementos sociales: aislamiento social, retraimiento social, apatía y falta de confianza y de autoestima.
Las investigaciones muestran consistentemente que los resultados de los abordajes comunitarios para las personas con trastorno mental grave (TMG) están vinculados a la recuperación de la dignidad, la esperanza, la autodirección, un sentido coherente de identidad y el logro de una mejor calidad de vida.
Los abordajes comunitarios se basan en la rehabilitación psicosocial (RPS) que trabaja con diversas estrategias para afrontar las dificultades de la vida diaria y desarrollar objetivos personales. La RPS puede contar con técnicas específicas de desarrollo de habilidades sociales, estimulación cognitiva o psicoeducación familiar o con otras menos específicas de amplio espectro como la participación activa en una comunidad.

¿Qué es la práctica social?
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​La Práctica Social es un enfoque de tratamiento no clínico que utiliza una comunidad intencional para ayudar a las personas a recuperarse de una enfermedad mental.Está diseñada para brindar lo que se conoce como rehabilitación psicosocial, con la cual, las personas con un trastorno mental persistente, aprenden habilidades emocionales, cognitivas, sociales y obtienen un apoyo integral en diversos aspectos de sus vidas. El objetivo es abordar los síntomas sociales que no se pueden abordar directamente solo con medicación, ya que requieren de la interacción con otros significativos y al mismo tiempo brindar acceso continuo a apoyo para la gestión de la atención, la solicitud de beneficios, oportunidades de empleo de transición y vivienda, así como actividades de bienestar y de vida saludable.Se crea un entorno que sin ser clínico, genera un efecto terapéutico en el que las personas se sienten menos “pacientes” y más “miembros” activos y necesarios de su comunidad. Las personas pueden identificar sus fortalezas, trabajar para lograr objetivos personales, construir relaciones valiosas, descubrir propósitos, todo con el apoyo y la orientación del personal. Además los obstáculos se abordan en tiempo real, en el momento que surgen.Cada individuo establece sus propios objetivos eligiendo cómo y cuándo participar. Todo, por diseño, es autodirigido, con el fin de promover la autoestima, la autonomía y la resiliencia y, al mismo tiempo, buscando que las personas se sientan queridas, necesarias, apreciadas e incluidas por la comunidad.